Sentados sobre sus flamantes tronos, aburridos por la eternidad. Ni la gran belleza de un arcángel, capaz de dejar ciega la vista de un mortal, les impresiona ya. Para su desgracia, aquí no habita la belleza de las hermosas diosas de los griegos. Pero hay a un, todavía una manera de divertirse: sale a la luz, una idea brillante, digna de dioses; Cambiemos papeles, enfundemonos en mascaras del uno y del otro ; yo me vuelvo tu y tu te vuelves yo. Te doy mis cuernos, mi cola y mi tridente y tu, dame tu barba y tu túnica blanca. Sin dañar y poner en riesgo nuestro tareas, divinas.
Diablo, diablo!! quien fuera yo sin ti.
Nadie amigo migo, nadie.
Sarcástico como siempre, pero certero. Y que hay de los pobres hombres de allá bajo, o mejor dicho el patio trasero.
Esas bestias dormidas, no los llames hombres, mas dignos son los animalitos del bosque; y si alguno se da cuenta, nadie le ara caso y si tal es el caso, es un loco, para eso están los manicomios. Mas sin embargó, si, llamemos les hombres por esta vez, pues gracias a ellos nos vamos a divertir.
A:- Hombre! por favor, lo considero muy buen amigo mío, a pesar de nuestras diferencias. Pero esto que balbucea ahora, no me gusta, me ofende, sabe muy bien que soy creyente y fiel a la iglesia.
B:- Pero si yo también creo, si no, de donde brotara tal inspiración!
A:- No. Usted no cree. Lo que usted es, es un blasfemo, y su inspiración, si mucho, se la otorga el diablo, con el único propósito, claro, de blasfemar.
B:- Bueno, es cierto, usted lo sabe; soy un hombre que odia a dios sobre todas las cosas. Pero usted también me ofende cuando al final del día, y hemos terminado nuestro trabajo, le da las gracias a dios. Cuando a mi, esto del trabajo, siento que me esta quitando la vida. Esto es una necesidad, nada de agradecer. Y no me vaya a negar nada ahora, que bien escucho el “nos has dado hoy”, involucrandome con descaro.
A:- Y también infantil! es usted despreciable, yo lo hacia para que dios tuviera misericordia de usted. Por que se que usted no le agradece nada, pero si no le gusta, esta bien, de ahora en adelante, solo agradeceré por mi trabajo.
B:- Es usted una persona muy comprensible, amigo mío, y hombre de fe, me encanta discutir con usted, pero a un así, no pierdo las esperanzas que un día…
A:- No comience de nuevo, o le advierto que pone en riesgo nuestra amistad.
B:- Esta bien me cayo, que humor, hombre, por dios.